Precisamos comer, dormir, estar sanos. Protegernos y ser protegidos. Sentirnos seguros y tranquilos. Amar y ser amados.
Necesitamos comprender de dónde venimos. Por qué y para qué estamos en el mundo. Son explicaciones que buscamos en distintos entornos. Y, como nada alcanza para tan enormes búsquedas, también acudimos a la ficción. ¿Por qué? Porque ella cuenta historias, intrigas, pasiones, hechos reales y no tanto. Genera ilusiones, tensiones y angustias, sin importar a quien, de qué época, edad e intereses.
Con la ficción sabemos sobre la cultura del país que narra esa historia, sobre su gente y su forma de pensar. Y cuando cada lector nota que a esa gente que está en algún rincón del mundo le pasan cosas que individualmente le pasan también, logra identificarse, hacer catarsis y empatizar. Las emociones afloran.