junio 2024

Pregúntale a la naturaleza qué quiere

6-PREGUNTALE A LA NATURALEZA QUE QUIERE

María Ottaviano

Osvaldo es un ser verdaderamente sensitivo y sensato.

Habla, le presto mucha atención, y con sus palabras hace que sienta con la piel, la respiración y el corazón, todo lo que desea transmitir.

Es así que la semana pasada estábamos sentados en un café frente a Plaza España y comenzó a pensar en voz alta. Es ahí, cuando camina por ese trance, que me repliego, hago pocas preguntas, y disfruto de escucharlo…

Querida María -me dice- la escultura Big man, de Ron Mueck es una muestra del estado de soledad, melancolía y ansiedad en el que estamos inmersos. Es el hombre en el rincón, resguardándose asustado. A pesar de ser grandote, es un ser que se ve a sí mismo sin posibilidades de defenderse, lleno de ansiedad y angustia.

Le pregunto por qué puede un alma hallarse en esa situación. Me responde que las personas se dedican al trabajo o, a resolver problemas, y cuando esas ocupaciones no están, no todas reaccionan de la misma manera. Muchas entran en conflicto consigo mismas. Los momentos para esparcimiento, que ayudan al crecimiento del ser, pasan a ser verdaderos problemas difíciles de solucionar porque no saben, o no pueden, o no toleran prescindir del trabajo o, a la inversa, no logran resolver la falta de trabajo.

Además -comenta- a la ansiedad podemos sumarle la falta de intimidad. Porque la persona, luego de haber compartido varias horas de contacto permanente y obligado con los otros, regresa a su casa y se encuentra sin posibilidad de existencia individual debido a que está forzado a realizar todo en común con su familia, o con quienes vive. Todos los integrantes de la casa lo ven, todos lo escuchan. Ve todo lo que hacen los demás, escucha todo lo que dicen los demás. No puede recluirse un momento en su cuarto porque ha sido construido de manera abierta sobre el living o cocina. Al no existir una pared y una puerta para cerrar ese cuarto, se entera de todo lo que hacen los demás y huele todos los olores. Los miembros de la familia no pueden realizar actividades distintas de manera simultánea porque se molestan unos a otros. Incluso recibir visitas ocasiona inconvenientes al no tener ambientes separados.

Así como el esparcimiento es importante para el desarrollo de la persona, el espacio propio, único, individual, también lo es. Estas cosas deberían ser cuestiones ya resueltas, porque son conocidas y porque forman parte de costumbres añejas.

Para ejemplificar me señala el Museo Histórico Provincial Marqués de Sobremonte, antigua residencia familiar. Analiza cada espacio y hace hincapié en la planta alta donde se encuentra una sala central de distribución de habitaciones hacia dos lados, y opuestos. De un lado están los cuartos de los varones y del padre de familia. Del otro lado, lo mismo para las niñas y la madre. Tanto el padre como la madre, para llegar a sus respectivos y últimos dormitorios, pasaban por los de sus hijos e hijas debido a la inexistencia de pasillos. Esa casa es una radiografía de la época: el control ejercido por los padres hacia sus hijos era solapado por algo así como un error del arquitecto, y el encuentro amoroso del matrimonio tenía un sólo y único objetivo.

En la actualidad, la falta de intimidad no sólo se manifiesta con respecto a los miembros de la familia que comparten la casa sino también en relación a los vecinos. Si la casa no tiene persianas, los vecinos pueden observar lo que sucede dentro de ella a través de los vidrios. Si las paredes de un departamento son delgadas, los colindantes se escuchan entre sí. Son construcciones que hacen uso del hormigón armado, el hierro, el cristal y el cartón sustituyendo a la madera, al ladrillo y a la piedra con la finalidad de que sean livianas, ligeras y transitorias, por lo tanto, también, menos duraderas. Se trata de una arquitectura que muere antes que su dueño, si es que no lo hecha antes de que se muera.

Pero Osvaldo va más hacia lo profundo y dice que es la naturaleza, que de por sí sola, hace que un lugar sea más o menos apto para estar en él. Quien vive en el continente y sobre la costa del mar, intenta ver del otro lado del agua con más facilidad. Quien vive en una isla, siente el encierro con mayor facilidad, porque sabe que caminando de ahí no sale. Y no es metáfora. Quien vive en la llanura siente otras cosas; quien, en la montaña, también. Lo cierto es que si alguno percibe malestar o falta de intimidad individual en el lugar que está, más tarde puede que sienta incomodidad y falta de intimidad social. Ocurre a veces, que alguien quiere alejarse de la contaminación sonora buscando ir a alguna parte para disfrutar de las melodías naturales y de repente todo ese ambiente es invadido por sonidos artificiales, por lo que sufre la persona que llegó a ese espacio para oír el canto de los pájaros, pero más que nadie, sufren los animales que no están siendo respetados.

Claro que le hago notar que, si detecta el problema, pues, cual solución propone. Y en el diálogo me lleva a Asia para mostrarme que los arquitectos y urbanistas chinos saben de estas nimiedades desde siglos atrás, por eso realizan sus edificios y ciudades, desde tiempos inmemorables, basándose en cómo relacionar la construcción con la naturaleza y los puntos cardinales. Para ello crearon la ciencia del Feng Shui.

El Feng Shui (se pronuncia fong shway) significa ‘viento y agua’, y más específica es la voz japonesa ‘Zoufuu Tokusui’ que significa ‘guardar viento, obtener agua’. Trata de aprovechar la energía de la tierra y el medio ambiente, que es llevada por el viento y retenida por el agua, en beneficio del ser humano. La idea es que la humanidad puede evitar desequilibrios y propiciar su propio bienestar, entendiendo cuál es el deseo de la naturaleza con respecto a los diferentes lugares y actuando de acuerdo a esos deseos.

Se trata de una forma de vida. Nos dice que hay lugares más adecuados que otros para los asentamientos humanos. Observa las propiedades de un lugar y cómo el ser humano se encuentra con ese espacio, y cómo puede relacionarse aún mejor para obtener mayores beneficios para sí y para el medio en el que está inserto.

Muy de a poco comienzo a cerrar ideas como que, además de ser importante la relación del objeto arquitectónico con el exterior, internamente también importa su organización. Y que, a veces las sensaciones son visibles y podemos darnos cuenta y poner palabras para describirlas. Otras veces, podemos sentirnos extraños, incómodos e inseguros en un lugar y no comprender que la causa, justamente, es el lugar mismo. Puede tratarse de un espacio que produce desequilibrios físicos o psicológicos, o incluso, que mata de a poco.

Llega a una conclusión después del segundo café, y es que a estas alturas de las circunstancias y de los recorridos que viene haciendo la humanidad, no podemos negar que el cuerpo nos habla, nos avisa y nos previene que los lugares tienen la capacidad de querernos o maltratarnos. Por eso, es preciso construir escuchando, haciendo cada uno de nosotros su parte como crear, dar y adquirir, porque son actividades que nos mantienen vivos, activos y pensantes, pero al mismo tiempo, seguir haciendo todas esas cosas sin afectar negativamente a los reinos animal, vegetal y humano, al universo en toda su magnitud.

En fin, todo cambia y es razonable que así sea. También es razonable comunicarse con la naturaleza antes de trabajarla y modificarla. Preguntarle: ¿Qué quieres?, para que deje de darnos tantos cachetazos a cada instante.

Dejo a Osvaldo en el café dándole un beso y abrazo, porque debo ir a dar clases. Estoy segura que alguien más se sentará a su mesa al escucharlo pensar en voz alta.

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