julio 2024

Amigos entrañables

9-AMIGOS ENTRAÑABLES

María Ottaviano

Si alguien me hubiera dicho hace 40 años atrás que Ariel y Héctor serían amigos, habría respondido que lógicamente no.

Pasa que la lógica deja de tener sentido cuando es alcanzada por la naturalidad, el acontecer, el respeto hacia el otro y la admiración.

Ariel es escribano. Hombre muy trabajador, protector de su familia. Responsable hasta la médula. Soñador y peleador de su propio destino. Maravillosamente a lo largo de su vida ha hecho frente a las dificultades. Es más, cada vez que se le ha presentado un problema, se ha envalentonado y salido airoso y orgulloso de la situación.

Héctor es un muchacho que apenas puede armar una oración para hablar. No sabe leer ni escribir. Proviene de una familia muy humilde. Es hijo de padres trabajadores y enormemente honrados. Sus trabajos siempre han requerido de su fuerza física y por ello hoy tiene muchas dificultades en sus piernas y espalda.

Logra trabajos que nadie quiere hacer como sereno en un terreno baldío o pocero. Algunas veces hace de albañil o pintor, pero en un solo lugar:

—Che Ariel, necesito que me des trabajo. ¿Qué puedo hacer?

—Mmm… déjame pensar… La tapia Héctor. La tapia precisa una renovación como esas que solo vos sabe hacer.

—Uuuh… ¿Qué quieres que haga?

—Que la pintes.

Ambos van a la pinturería. Compran la pintura y el pincel. Regresan. Toman café, comen criollitos y después Héctor pinta.

Trabaja con tanta felicidad y placer que se vuelve prolijo sin darse cuenta. Apenas algunas intervenciones de Ariel como avisarle que al perro que está durmiendo pegado a la pared lo debe despertar para no pintarlo; que revuelva la pintura cada tanto; o que se lave las manos para sentarse a comer una rica milanesa con ensalada.

Generalmente en días así siempre transcurre un mismo diálogo entre Ariel y su esposa:

—¿Para qué haces pintar lo que ya está pintado?

—Es que me pidió trabajo. Lo pide. Y si no hay nada para hacer, pues… lo invento. Lo importante es que él regrese a su casa y pueda poner comida en la mesa solo como sabe hacerlo: ganándosela.

A veces es Ariel que lo llama:

—Héctor, el sábado me reuniré con amigos en mi casa. Preciso que hagas el asado.

—¿A qué hora quieres que comience a encender el fuego?

Héctor siempre se presenta a la hora acordada. Dependiendo de la tarea es la ropa que se pone: pantalón, camisa y zapatillas viejas o, pantalón, camisa y zapatillas sin remiendos.

Otras veces se entrecruzan las necesidades:

—Héctor, son las 6 de la mañana…

—Es sábado Ariel ¿vas a venir a buscarme para arreglar el jardín? Te espero a las 7

A las 7 Ariel pasa a buscarlo. Van a la panadería a comprar criollitos. En la cocina Ariel prepara café y conversan hasta las 9 para recién comenzar a cortad el césped.

—¿Cómo te está yendo Héctor?

—Bien. Tengo trabajo todos los días. Me junté con una chica…

—Que bien. Ya formarás tu familia…

—Ella tiene un hijo. Yo me haré cargo de criarlo y mandarlo a la escuela. Quiero que estudie como tus hijos.

—Muy lindo de tu parte ¿Y dónde viven?

—En la pieza del fondo. Al lado de la del Ramón. Frente a la de la Rosita. Le voy a preguntar a tu señora como hago eso… creo que es cortina, para separar la cama nuestra de la del chico.

—Comprendo. Así tendrán intimidad.

—… y para separar un espacio para poner al otro chico porque mi señora está esperando otro mío.

—¡Te felicito Héctor! Me pone muy contento saber que tendrás un hijo.

—Sí. El primero que me felicita.

Y comienzan la jornada de trabajo en el jardín. Ariel le da indicaciones. Héctor trabaja feliz. Concluye el trabajo, cobra y se va a su casa.

Regresa cada tanto. Va a la oficina cuando vuelve a precisar:

—Ariel ¿tienes algún trabajo? La doctora dice que tengo que comprar una leche en polvo para el bebé.

—¿Ya nació tu hijo? ¡Felicitaciones!!!

—Sí.

—¿Cuánto pesa?

—Mmmm… 2 kilos y no sé cuánto. No sé esas cosas de mujeres…

—Bueno, bueno. Y ¿cómo se llama?

—Un nombre se lo puso mi señora y el otro yo.

—¿Cómo se llama?

—Se llama Kevin…

Ariel lo mira expectante, esperando que pronuncie el segundo nombre anticipado, al igual que los demás presentes en el lugar:

—… Ariel

El silencio se apodera del momento. Ariel levanta sus cejas y las baja. Pierde su mirada. Cierra los ojos y contiene la emoción. Abre los ojos, se levanta del sillón. Camina hacia Héctor y ambos se funden en un abrazo.

Las amistades pueden que sean entre iguales: buenos con buenos; malos con malos; divertidos con divertidos; serios con serios. Las indetectables son las que se construyen entre distintos, sin que se proyecten. Esas que se edifican en el tiempo sobre la consideración, la valoración y el respeto hacia el otro y que, finalmente, se vuelven extrañamente entrañables.

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