María Ottaviano
Lo de hoy no es una historia. Es solo una sencilla afirmación.
¿Existe la amistad entre el hombre y la mujer? Por supuesto que sí.
De lo contrario ¿qué son los amigos con los que jugabas en tu niñez? Aún los ves en tu barrio, en tu ciudad. Preguntan por tus padres, pasan a saludarte cada vez que atraviesas una situación difícil.
¿Qué son los amigos de la escuela y la universidad? Mantienes contacto. Te saludan y los saludas durante todo el año. Y cuando tienes un problema, llamas al más indicado para que te oriente. Y lo hace con cariño.
¿Existe la amistad entre mujeres? Por supuesto que sí.
De lo contrario ¿qué son esas amigas que no te dejan sola en los momentos más duros de tu vida? Esas que no preguntan qué te está sucediendo, sino que actúan con inmediatez, en silencio, y te abren los brazos para ayudarte. Cada una de ellas es ‘amimana’ como me enseñó mi amiga-hermana.
Claro está que a estas amistades las descubres con el correr de los años, la acumulación de acciones y cuando un día tu corazón te habla y te dice “¿Viste? Jamás te falla”