junio 2025

El hilo invisible de los sueños

34-El hilo invisible de los sueños

María Ottaviano

Andrea todas las mañanas se levanta y en lo primero que piensa es en lo que soñó. Lo recuerda nítidamente, con lujos de detalles.

Cuenta que sueña en colores. Siempre tiene la sensación de soñar toda la noche.

Tiene veintidós años. Es muy activa. Se levanta a las seis de la mañana. Trabaja en una juguetería, en la atención al público.

Por la noche, al regresar a su casa, continúa trabajando. Está armando su propio negocio de elaboración y entrega de tortas. Espera poder independizarse pronto y dedicarse solamente a su proyecto. Esto es lo que sueña “despierta”.

La repostería siempre le gustó. A los seis años, al no contar con un microondas, le pedía a su madre que la ayudara a derretir chocolate a “baño maría”. Su mamá, Cleria, sí le ayudaba, porque se trataba de una técnica que consistía en calentar o derretir un alimento, puesto en un bol que, a su vez, se sumergía en una olla que contenía agua hirviendo. A ese chocolate derretido, lo combinaba con otros ingredientes y creaba recetas fabulosas.

Y su abuela, Adelina, como notó tempranamente la inclinación de su nieta hacia las artes culinarias, hizo que heredara su libro de Doña Petrona C. de Gandulfo que, alguna vez, había comprado y leído totalmente, receta por receta. Es decir, Andrea heredó una pasión familiar.

La otra pasión —que así la vive, aunque no la haya elegido— es dormir “soñando”

Su actividad onírica es casi tan intensa como su vigilia. Se levanta y ya ha vivido historias inimaginables. Tal vez, al estar en contacto con tanta gente durante el día, guarda datos para armar rompecabezas, durante su noche.

Lo más increíble es que, en sus sueños, se da cuenta de que está soñando. En algunos casos, ella misma es una voz en off dentro del sueño, que se relata lo que está pasando en su estado onírico.

El summum le sucede cada vez que se enamora. Porque sueña todas las noches con el chico del que está enamorada en ese momento. Así se expresó, cuando me acerqué a preguntar por el precio de un ludo y terminamos hablando de datos más íntimos de nuestras vidas, como su “soñar despierta”:

—Debe ser alguna locura, porque el chico que amo aparece en mis sueños todas las noches. Y, si no aparece, me doy cuenta durante el sueño y sé que les pregunto por él a las personas que forman parte del entorno de mi sueño. Es más, cuando pasan dos o tres noches que no lo sueño, seguro que es porque dejaré de verlo.

Al decir eso, ella misma se detuvo a pensar, por un instante, y, entre risas, me confesó:

—Desconozco el motivo por el cual soñamos. Dicen que es una descarga de lo que vivimos durante el día. Tendría que averiguar. Pero es hermoso. Aunque, a veces, me levanto cansada, ya que en los sueños hice tantas cosas que, a la mañana, ya salgo de la cama, extenuada.

Este diálogo fugaz que tuve con Andrea en una juguetería de Río Cuarto, provincia de Córdoba, me hizo pensar acerca de cuánto sueño.

Entré a la juguetería, porque estaba pasando por el frente y quise saber sobre un juego de mesa. Como siempre me sucede, conozco a alguien, y mi primer objetivo pasa a segundo plano, porque enseguida entablo alguna conversación que se adueña de mí y “tuerce” el tópico hacia otra dirección.

Cada persona tiene algo para contar. El secreto es encontrarte con las personas que quieran escuchar lo que tenemos para decir.

Esta vez fue Andrea, con quien los hilos de la vida hicieron que me encontrara. Y aprendí que hay gente que toma muy en serio a los sueños, especialmente a esos que se presentan cuando dormimos.

Tal vez se trate de que, quien sueña “despierto”, quien se plantea objetivos y pone mucho empeño en lo que busca, entra en una especie de ritmo incesante que, ni siquiera, precisa de hacer diferencias entre soñar “despierto” y soñar “dormido”. Todo forma parte del mismo sueño que, en definitiva, es la realidad que vive.

Sin acudir a nada externo, simplemente planteando un plan que sea sano y salir en busca de tu logro, te mantiene “como en un sueño”, del que no quieres despertar, porque, lo que sueñas, te hace muy feliz.

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