abril 2025

El poder de mover las cosas

25-El poder de mover las cosas

María Ottaviano

Has escuchado, leído y te han dicho, aconsejado y hasta implorado, millones y millones de veces, que, cada tanto, debes mover las cosas que tienes en tu casa. Lo has comprendido, pero… no has hecho nada. Seamos sinceros.

Reubicar mobiliario en un hogar simboliza renovar las energías, tanto de la misma casa, como las que llevas dentro de ti.

Mover cosas en la casa da fuerzas, tanto físicas como psicológicas. Te ayuda a generar nuevos proyectos y te da ganas de llevarlos adelante.

Además, y es enormemente importante, sacas de tu espacio lo que te resulta inútil; no obstante, puede generar discordia, debido a que lo que para uno ya es inútil, para otra persona aún le serviría de gran ayuda. Pero no te preocupes tanto e insiste hasta encontrar el equilibrio.

El no desplazar objetos en una vivienda, se corresponde con las energías paradas, frenadas, que están a la espera de que les abras las puertas para ir en busca de su nuevo destino.

Recuerdo a mi madre —y a partir de ahí comencé a comprender estas cuestiones— quien, todos los meses, cambiaba de lugar los muebles del comedor y el living, que estaban dentro de un mismo ambiente. ¿Cómo lo hacía? Trasladaba la mesa con las seis sillas del comedor hacia el espacio donde estaban los cuatro sillones. Y, a estos cuatro sillones, los llevaba hacia el lugar donde acababa de sacar la mesa con las seis sillas. Por supuesto que esto también implicaba mover el centro de mesa y el momento de renovación para sus flores de plástico, a las que aprovechaba para colocar en una fuente con agua y jabón, y quitarles así la tierra. Lavaba y planchaba el caminito de tela que estaba sobre esa mesa; además, lavaba los almohadones de los sillones, a los que daba vuelta para quitarles la tierra y las telarañas, esas que nadie veía, pero sí estaban.

El primero en sorprenderse era mi padre. No obstante, en segundos reacomodaba su cerebro para aprender la nueva ubicación de cada cosa.

Por supuesto que mi madre no se conformaba con el living y el comedor. También le daba vida a la cocina, a las habitaciones, al baño… Increíblemente, un adorno que cambiaba, una sábana a la que le cosía un parche donde estaba rota, una cortina que lavaba o una silla que lustraba, hacían la diferencia. Y para nada se trataba de cosas que precisaran dinero para hacerlas. Simplemente, se trataba de poner a trabajar la mente y las manos.

Podría no haberme gustado lo que ella hacía. Sin embargo, me encantaba. Y era lógico, porque ¿cómo no me iba a gustar algo que me hacía sentir bien? Ella fue mi inspiración, por lo que también empecé a hacer cambios en la casa, desde muy chica.

Así fui percibiendo que, cuidar el espacio que habitamos y su alrededor, te da vida, te da alegría. Entonces, comencé a pintar las paredes y los techos. Al principio, con pintura al agua —era inalcanzable comprar otro tipo de pintura—. Al finalizar la obra, sentía un placer único por los cambios logrados, porque la casa se veía bella.

En esta ocasión que escribo sobre este tema, lo hago desde mi propia experiencia —y actual—, porque mover, cambiar, ordenar y limpiar la casa, te hacen renacer.

Entiendo que, a veces, enfrentarse con un cajón del placar, solo un cajón, te puede despertar un abanico de sentimientos, como tristeza y miedo; sin embargo, al mismo tiempo, una vez que tocas lo que allí hay, puedes viajar en el tiempo, porque descubres una fotografía que ni sabías que existía, pero, de repente, recuerdas el acontecimiento que se había plasmado en esa obturación de la cámara fotográfica.

También puede suceder que la fotografía no te pertenezca y te digas: Aquí están mis primos, pero yo no. Entonces, debes tomar la determinación de avisarles para dársela, porque no te pertenece; pero, de alguna manera, llegó a tu casa.

Lo cierto es que cada cosa que hallas, te paraliza unos segundos, minutos u horas, tratando de comprender de qué se trata y qué hace allí, para luego poder tomar decisiones sobre ella. Cada hallazgo es una energía que te habla y es necesario comprender que no la podemos hacer callar, porque carecemos del derecho de acallarlas, taparlas u ocultarlas.

Cada objeto representa energía, que debe seguir irradiando utilidad. Porque si guardo un pulóver que me queda chico —dado que me lo había tejido mi abuela— le paralizo la energía de abrigar a otro que siente frío. Si tiro una cacerola, porque no tiene manijas, en realidad tiro la posibilidad de que otro tenga, por fin, una propia, para calentar su comida. Incluso los adornos tienen su energía. Puede que alguno ya me haya cansado, y es simplemente señal de que otro precisa contemplarlo y sentir placer. Entonces, debo dejarlo partir.

Lo cierto es que, para que las cosas encuentren sus nuevos destinos y tu cuerpo y tu mente se sientan bien, es preciso que las energías se muevan. Y para que esto suceda, hay que impulsarlas.

Comienza ahora, ya mismo. Te cambiará por completo.

Facebook
Twitter
Reddit
WhatsApp
Telegram