agosto 2024

Se llama amor

13-SE LLAMA AMOR

María Ottaviano

Porque somos nombrados, existimos. Tal como somos llamados, vivimos.

Los niños nos llenan de sorpresas mostrándonos a diario el mundo de los adultos que disfrutan o padecen. Nos reímos con los enredos de vocales y consonantes que mixturan en ese largo proceso de aprender a hablar.

Claro está que hablan a medida que van escuchando. Y escuchan aun cuando creemos que no están atentos a los mensajes. Y están atentos constantemente. Y constantemente hay niños cerca nuestro… a veces por milésimas de segundos. Y en esas milésimas de segundos ellos escuchan muestras expresiones… y las graban.

Hace pocos días, mientras dialogaba con amigos, llegó el hijo con sus niñas de tres y cuatro años. Entraron y dieron un beso a sus abuelos al mismo tiempo que lo hacía su papá. Noté tranquilidad en ellas, más bien, seguridad. Ellas transmitían eso. Sus ojitos revoloteaban entre la alegría y la paz.

A la edad de ellas, en donde toda emisión de palabras nos depara atención, le pregunté a la de cuatro años:

—¿Cómo se llama tu abuelo?

—Lelo Dante

—¿Y tu abuela?

—Abu Susi

—¿Y tu papá?

—Amor

—¿????

Desconcertada miré a su papá buscando ayuda para comprender. El papá, sonriendo, me dijo:

—Sucede que mi esposa me llama ‘Amor’: ‘Hola amor’; ‘Por favor amor’… Por eso ella cree que me llamo ‘Amor’

Comprender eso fue gracioso y lindo porque inmediatamente que me lo explicó, sentí alivio porque no podía dejar de imaginar que, si el llamado de su esposa hacia él era otro, la nena lo estaría reproduciendo.

Convencida la pequeña de que su papá se llama ‘Amor’, siguió jugando con su hermana en el jardín de los abuelos.

Pero algo más me llamaba la atención y no tardé en comprenderlo: si la mamá llama a su esposo con la palabra ‘Amor’ como podría ser, por ejemplo, ‘mi vida’, ‘cielo’, ‘tesoro’, u otras tantas denominaciones amorosas, ese pronunciar de la palabra va acompañado de una intensión, un tono, un timbre, un pensamiento, un determinado y especial cariño, una cadencia, una postura del cuerpo, una mirada. Un conjunto de acciones se sucede al mismo tiempo que esa esposa y mamá dice ‘Amor’. Y es ese todo que la niña capta cada vez que oye que su papá es requerido.

Ese conjunto de acciones, ese todo, es lo que en la niña inmediatamente se transforma en confianza, seguridad, felicidad y paz, porque tiene la tranquilidad del amor y del respeto que sus papás se tienen. Y como para nada precisa preocuparse por ellos, puede jugar tranquila.

Así como los niños, los adultos también necesitamos del hablar lindo, atinado, mesurado; ese hablar que parece estar acompañado de notas musicales.

Las palabras que emitimos consideran a la otra persona valiosa o descartable; capaz o incapaz. Las palabras acarician a las personas o las golpea hasta desfallecerlas. La única ventaja de quien desfallece es que, quien se desnuda quedando al descubierto para mostrar su descontrol e ignorancia, es quien agrede.

Por esto… es más dulce… “¡Hola Amor!»

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